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Celtiberia soriana

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Dirección científica y textos:
Alfredo Jimeno Martínez

Documentalista gráfico:
Antonio Chaín Galán

Equipo Arqueológico de Numancia

Celtiberia Soriana

La provincia de Soria ocupa una parte importante del territorio de la Celtiberia Histórica. En esta zona se puede seguir la evolución de esta cultura, desde los Castros (siglo VI-IV a.C.), primeros poblados estables, de pequeñas dimensiones, situados en lugares estratégicos y fuertemente defendidos, que ocupan, sobre todo, la Serranía Norte, hasta la aparición de las ciudades, a partir del siglo III a.C

La existencia de las ciudades celtibéricas se hace evidente a través de las narraciones que los historiadores romanos proporcionan de la conquista de la Celtiberia. El control romano del Alto Duero se inicia con las segundas Guerras Celtibéricas (153-133 a.C.), en las que tendrán un papel destacado las ciudades arevacas, especialmente Numancia, que al decir de Apiano, era la más poderosa de los celtíberos, y que encabezó la resistencia, junto a Uxama y Termes, a lo largo de veinte años, terminando con el cerco de Publio Cornelio Escipión Emiliano en torno a Numancia, en el 133 a.C.

La celtiberia ulterior

Aunque existe discordancia entre los historiadores de la antigüedad, se puede deducir de sus noticias, referidas a los siglos II y I a.C, que se da el nombre de Celtiberia al territorio situado en el reborde montañoso donde se encajan las cordilleras Ibérica y Central y sus zonas aledañas, donde se establecen las divisorias de las cuencas del Tajo, Ebro y Duero, es decir, la zona oriental de la Meseta Norte y el lado derecho de la cuenca media del Ebro.

No obstante, se diferencia la Celtiberia Citerior, de mayores posibilidades agrícolas y riqueza básica, más abierta a influencias exteriores provenientes fundamentalmente del Mediterráneo ibérico, correspondiendo a bellos, tittos y lusones, y la Celtiberia Ulterior, circunscrita al Alto Duero, con límites en la divisoria de Duero y Jalón, predominio ganadero y más marginada de los focos económicos y caminos dominantes, atribuida a arévacos y pelendones.